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 RECUERDOSMUNDIALES

  • Ramón Barreto, el único árbitro en dos finales consecutivas

    Ramón Barreto, el único árbitro en dos finales consecutivas

    El uruguayo Ramón Barreto fue juez de línea en los partidos definitorios de Alemania 1974 y Argentina 1978.
    El árbitro uruguayo Ramón Barreto, el mejor de la historia del fútbol uruguayo, fue protagonista de innumerables anécdotas y cuyo nombre está escrito en la más preciada historia de los Mundiales, por haber sido el único que participó de dos finales consecutivas: fue asistente en las definiciones de Alemania 1974 y Argentina 1978. Además, en la Copa en el país germano, fue el juez principal en el recordado duelo entre las dos Alemanias.
    Barreto nació en Montevideo el 14 de septiembre de 1939 y cobró notoriedad en el Mundial del 74 tras ser designado como árbitro central del gran partido entre Alemania Federal (que organizaba el certamen) y Alemania Democrática, por la tercera fecha del Grupo A, celebrado en Hamburgo el 22 de junio.
    Eran otras épocas. Los árbitros alternaban y en la final de ese Mundial, disputada el 7 de julio en el Olímpico de Munich, Barreto fue árbitro asistente. Los protagonistas de esa jornada fueron Alemania Federal y Holanda. Y aunque la gran favorita al título era la mítica Naranja Mecánica, el local se impuso 2-1 y se llevó la Copa mundial de la FIFA, que se ponía por primera vez en disputa luego de que la Copa Jules Rimet quedara en posesión de Brasil. Cuatro años más tarde, el uruguayo entraría en la historia al volver a ser asistente en la final: en el Monumental, Argentina derrotó 3-1 a Holanda en el suplementario y consiguió el primer título de su historia.
    Barreto ya había participado del Mundial de México 1970, donde ya había inscrito su nombre en la historia de los Mundiales: fue el primer árbitro en mostrar una tarjeta amarilla (hacían su debut en ese torneo) en el encuentro entre Brasil y Checoslovaquia.
    A nivel local, fue el árbitro que dirigió la mayor cantidad de duelos entre Nacional y Peñarol en Uruguay.
    Cuenta la historia que en un Clásico muy picado, aburrido de sacar amarillas antes de la media hora de juego, rompió el cartón para que los jugadores de ambos equipos entendieran que lo único que quedaba era la roja.

    Ramón Barreto, el único árbitro en dos finales consecutivas

    El uruguayo Ramón Barreto fue juez de línea en los partidos definitorios de Alemania 1974 y Argentina 1978.
    El árbitro uruguayo Ramón Barreto, el mejor de la historia del fútbol uruguayo, fue protagonista de innumerables anécdotas y cuyo nombre está escrito en la más preciada historia de los Mundiales, por haber sido el único que participó de dos finales consecutivas: fue asistente en las definiciones de Alemania 1974 y Argentina 1978. Además, en la Copa en el país germano, fue el juez principal en el recordado duelo entre las dos Alemanias.
    Barreto nació en Montevideo el 14 de septiembre de 1939 y cobró notoriedad en el Mundial del 74 tras ser designado como árbitro central del gran partido entre Alemania Federal (que organizaba el certamen) y Alemania Democrática, por la tercera fecha del Grupo A, celebrado en Hamburgo el 22 de junio.
    Eran otras épocas. Los árbitros alternaban y en la final de ese Mundial, disputada el 7 de julio en el Olímpico de Munich, Barreto fue árbitro asistente. Los protagonistas de esa jornada fueron Alemania Federal y Holanda. Y aunque la gran favorita al título era la mítica Naranja Mecánica, el local se impuso 2-1 y se llevó la Copa mundial de la FIFA, que se ponía por primera vez en disputa luego de que la Copa Jules Rimet quedara en posesión de Brasil. Cuatro años más tarde, el uruguayo entraría en la historia al volver a ser asistente en la final: en el Monumental, Argentina derrotó 3-1 a Holanda en el suplementario y consiguió el primer título de su historia.
    Barreto ya había participado del Mundial de México 1970, donde ya había inscrito su nombre en la historia de los Mundiales: fue el primer árbitro en mostrar una tarjeta amarilla (hacían su debut en ese torneo) en el encuentro entre Brasil y Checoslovaquia.
    A nivel local, fue el árbitro que dirigió la mayor cantidad de duelos entre Nacional y Peñarol en Uruguay.
    Cuenta la historia que en un Clásico muy picado, aburrido de sacar amarillas antes de la media hora de juego, rompió el cartón para que los jugadores de ambos equipos entendieran que lo único que quedaba era la roja.

  • El histórico match entre las dos Alemanias de 1974

    El histórico match entre las dos Alemanias de 1974

    El futbol ha sido en muchas ocasiones un elemento que supera las cuestiones políticas y culturales a lo largo de la historia.
    Este deporte ha sido capaz de “enfrentar” de manera amistosa a países, pueblos o grupos de gente en conflicto. Uno de los capítulos más relevantes en este sector tuvo lugar durante la Copa del Mundo de 1974.
    Alemania era el país sede de la máxima competencia del futbol. En ese entonces el país estaba dividido en Alemania Oriental y Alemania Occidental.
    La división del país también tuvo repercusión en el mundo del futbol y Alemania contaba con dos selecciones.
    Fue justamente en 1974 cuando el Mundial se celebró en territorio teutón, que Alemania Oriental se enfrentó a la Occidental. El histórico día fue el22 de junio de 1974 y el escenario fue un abarrotado Volksparkstadion en Hamburgo.
    Ambas selecciones tenían asegurado el pase a la siguiente fase tras el empate entre Australia y Chile unas horas antes, por lo que el partido serviría para ver cuál de los dos equipos clasificaba como líder, pero sobre todo, para demostrar que el futbol es un deporte que puede unir a los pueblos.
    Algunas personas recordaban la famosa “Tregua de Navidad”, ocurrida muchas décadas antes, durante la Primera Guerra Mundial y en donde soldados de Alemania y Francia dejaron las trincheras por un día durante la Navidad de 1914 para, entre otras cosas, jugar un partido de futbol.
    El encuentro tuvo pocas oportunidades de gol y ambos equipos salieron al campo con un respeto absoluto sobre el rival. Se estaba jugando un partido de futbol, pero en las tribunas y en el campo las sensaciones eran totalmente distintas. Un país dividido en dos por cuestiones políticas enfrentaba a sus dos bloques.
    Alemania Occidental, con Gerd Muller y Franz Beckenbauer como sus grandes figuras, era la gran favorita. Para sorpresa de todos fue Alemania del Este la que ganó el partido con un solitario gol de Jurgen Sparwasser al minuto 77.
    En la siguiente fase las dos Alemanias quedaron en grupos separados y la Oriental quedó eliminada; el equipo Occidental avanzó como líder de sector y a la postre se coronó campeón del torneo.
    Ese día y durante los 90 minutos que duró el partido, los aficionados alemanes fueron testigos de cómo el futbol es capaz de lograr lo que la política muchas veces no puede. Ese día, el mundo fue testigo de uno de los partidos más emotivos en la historia. Y también quiso el destino que el árbitro de ese histórico cotejo fuera un uruguayo, Ramón Barreto.

    El histórico match entre las dos Alemanias de 1974

    El futbol ha sido en muchas ocasiones un elemento que supera las cuestiones políticas y culturales a lo largo de la historia.
    Este deporte ha sido capaz de “enfrentar” de manera amistosa a países, pueblos o grupos de gente en conflicto. Uno de los capítulos más relevantes en este sector tuvo lugar durante la Copa del Mundo de 1974.
    Alemania era el país sede de la máxima competencia del futbol. En ese entonces el país estaba dividido en Alemania Oriental y Alemania Occidental.
    La división del país también tuvo repercusión en el mundo del futbol y Alemania contaba con dos selecciones.
    Fue justamente en 1974 cuando el Mundial se celebró en territorio teutón, que Alemania Oriental se enfrentó a la Occidental. El histórico día fue el22 de junio de 1974 y el escenario fue un abarrotado Volksparkstadion en Hamburgo.
    Ambas selecciones tenían asegurado el pase a la siguiente fase tras el empate entre Australia y Chile unas horas antes, por lo que el partido serviría para ver cuál de los dos equipos clasificaba como líder, pero sobre todo, para demostrar que el futbol es un deporte que puede unir a los pueblos.
    Algunas personas recordaban la famosa “Tregua de Navidad”, ocurrida muchas décadas antes, durante la Primera Guerra Mundial y en donde soldados de Alemania y Francia dejaron las trincheras por un día durante la Navidad de 1914 para, entre otras cosas, jugar un partido de futbol.
    El encuentro tuvo pocas oportunidades de gol y ambos equipos salieron al campo con un respeto absoluto sobre el rival. Se estaba jugando un partido de futbol, pero en las tribunas y en el campo las sensaciones eran totalmente distintas. Un país dividido en dos por cuestiones políticas enfrentaba a sus dos bloques.
    Alemania Occidental, con Gerd Muller y Franz Beckenbauer como sus grandes figuras, era la gran favorita. Para sorpresa de todos fue Alemania del Este la que ganó el partido con un solitario gol de Jurgen Sparwasser al minuto 77.
    En la siguiente fase las dos Alemanias quedaron en grupos separados y la Oriental quedó eliminada; el equipo Occidental avanzó como líder de sector y a la postre se coronó campeón del torneo.
    Ese día y durante los 90 minutos que duró el partido, los aficionados alemanes fueron testigos de cómo el futbol es capaz de lograr lo que la política muchas veces no puede. Ese día, el mundo fue testigo de uno de los partidos más emotivos en la historia. Y también quiso el destino que el árbitro de ese histórico cotejo fuera un uruguayo, Ramón Barreto.

  • El escandaloso Argentina 6 - Perú 0 de 1978

    El escandaloso Argentina 6 - Perú 0 de 1978

    Si hay un partido polémico y cargado de sospechas en los últimos 40 años de fútbol, ese es el Argentina – Perú del Mundial del 78.
    Argentina por aquellos años estaba gobernada por militares, siendo Videla la cabeza visible de ese gobierno. La represión a la que sometió al pueblo fue atroz, habiendo aún hoy una larga lista de desaparecidos, así como de niños robados, madres violadas y jóvenes torturados. Cuando los torturadores de la ESMA acababan su “trabajo”, los cuerpos eran arrojados al Río de la Plata, donde los peces hacían desaparecer las pruebas del genocidio que aquella Junta Militar y sus secuaces estaba cometiendo contra su pueblo. Se calcula que fueron unos 30.000 los muertos y desaparecidos en aquella época.
    En esa situación se jugó un Mundial de fútbol. Y aunque no fueron pocos los países que amagaron con boicotear ese Campeonato debido a las reiteradas violaciones contra los Derechos Humanos que se estaban produciendo en el país austral, finalmente acudieron todos, aunque en el caso de Holanda sin su estrella Johan Cruyff, que se negó a participar en aquella pantomima publicitaria del régimen de Videla, que trataba de acallar el clamor internacional contra sus actuaciones con Mundiales de fútbol.
    El colaboracionismo de la FIFA con aquella dictadura asesina fue realmente vergonzoso. El Presidente de la FIFA por aquel entonces, Joao Havelange, dijo en 1976 “… la Argentina está ahora más apta que nunca para organizar el Mundial”.
    Aquel Mundial de Argentina 78 fue una sucesión de irregularidades de todo tipo, desde económicas hasta deportivas, y todas ellas fueron obviadas por la FIFA, a saber por qué oscuros motivos:
    – El presupuesto para la modernización de los estadios y la construcción de otros nuevos recintos para albergar aquel Mundial fue gigantesco, pero los resultados brillaron por su ausencia, desapareciendo millones de dólares de las arcas argentinas, que acabaron en cuentas bancarias suizas, en manos de gente afín al Régimen.
    – Argentina no pasó un control antidoping en todo el Mundial, habiendo sospechas más que fundadas para pensar que jugaron dopados la mayor parte del Campeonato (insinuado por el ex-jugador argentino, Ortiz).
    – El principal rival de Argentina, Brasil, fue desestabilizado de todas las formas posibles, haciéndoles jugar a cada partido en una punta del país. Los brasileños durante aquel Mundial recorrieron miles de kilómetros en viajes, mientras Argentina jugaba prácticamente todos los partidos en el mismo lugar.
    Pero todas las irregularidades anteriores enmudecen ante el escándalo que se vivió en el Argentina – Perú. Aquel partido era fundamental para los albicelestes ya que debían ganarlo por una diferencia de goles tal que superara al gol-average particular de Brasil, selección con la que estaban peleando su pase a la final (en aquel Mundial no hubo semifinales sino liguilla, pasando a la final los líderes de cada grupo).
    Para saber exactamente los goles que Argentina le tenía que meter a Perú, se hizo un cambio de horario en el Brasil – Polonia, que fue jugado unas horas antes y cuyo resultado fue 3 – 1 a favor de los brasileños. La diferencia de goles de los brasileños era de +5, por lo que los argentinos tendrían que ganarle a los peruanos por una diferencia de 4 goles, como mínimo.
    Antes del comienzo del encuentro, Videla (acompañado de Henry Kissinger) bajó al vestuario de Perú, donde comenzó a dar una curiosa charla a los peruanos, apelando a la “solidaridad sudamericana” de los andinos, que ya no tenían opciones de clasificación. Además, según parece, tuvo una conversación con el portero peruano (argentino de nacimiento) Quiroga.
    El resto se lo pueden imaginar: defensas peruanos especialmente torpes, mediocampistas peruanos que no corrían, portero argentino nacionalizado peruano que se tiraba al balón un segundo tarde…y así, hasta el 6 – 0 final que permitiría a los argentinos disputarle el título a la “naranja mecánica” holandesa.
    Según dicen, Perú jugó aquel día con la camiseta suplente para no mancillar los colores habituales de una selección que contaba por entonces con futbolistas de enorme talento como Manzo, Cubillas, Chumpitaz o Sotil. Aquellos eran los que habían ganado una Copa América en 1975 y los que, en condiciones normales, jamás habrían jugado con esa pasividad, ni sufrido tamaña goleada ante los argentinos.
    Posteriormente se supo (se rumoreó, ya que los que hacen sobornos no extienden facturas) que los andinos habían sido comprados para que se dejasen golear.
    Hace unos años, unos periodistas argentinos hicieron el documental “Mundial 78, ¿verdad o mentira?” en el que se intenta arrojar algo de luz sobre uno de los hechos más vergonzosos de la Historia de los Mundiales.
    Parece que todo se acaba resumiendo en que Argentina compró a Perú por un par de millones de dólares y un barco de trigo. ¿Realismo mágico? No. La Argentina´78 de los años de plomo.

    El escandaloso Argentina 6 - Perú 0 de 1978

    Si hay un partido polémico y cargado de sospechas en los últimos 40 años de fútbol, ese es el Argentina – Perú del Mundial del 78.
    Argentina por aquellos años estaba gobernada por militares, siendo Videla la cabeza visible de ese gobierno. La represión a la que sometió al pueblo fue atroz, habiendo aún hoy una larga lista de desaparecidos, así como de niños robados, madres violadas y jóvenes torturados. Cuando los torturadores de la ESMA acababan su “trabajo”, los cuerpos eran arrojados al Río de la Plata, donde los peces hacían desaparecer las pruebas del genocidio que aquella Junta Militar y sus secuaces estaba cometiendo contra su pueblo. Se calcula que fueron unos 30.000 los muertos y desaparecidos en aquella época.
    En esa situación se jugó un Mundial de fútbol. Y aunque no fueron pocos los países que amagaron con boicotear ese Campeonato debido a las reiteradas violaciones contra los Derechos Humanos que se estaban produciendo en el país austral, finalmente acudieron todos, aunque en el caso de Holanda sin su estrella Johan Cruyff, que se negó a participar en aquella pantomima publicitaria del régimen de Videla, que trataba de acallar el clamor internacional contra sus actuaciones con Mundiales de fútbol.
    El colaboracionismo de la FIFA con aquella dictadura asesina fue realmente vergonzoso. El Presidente de la FIFA por aquel entonces, Joao Havelange, dijo en 1976 “… la Argentina está ahora más apta que nunca para organizar el Mundial”.
    Aquel Mundial de Argentina 78 fue una sucesión de irregularidades de todo tipo, desde económicas hasta deportivas, y todas ellas fueron obviadas por la FIFA, a saber por qué oscuros motivos:
    – El presupuesto para la modernización de los estadios y la construcción de otros nuevos recintos para albergar aquel Mundial fue gigantesco, pero los resultados brillaron por su ausencia, desapareciendo millones de dólares de las arcas argentinas, que acabaron en cuentas bancarias suizas, en manos de gente afín al Régimen.
    – Argentina no pasó un control antidoping en todo el Mundial, habiendo sospechas más que fundadas para pensar que jugaron dopados la mayor parte del Campeonato (insinuado por el ex-jugador argentino, Ortiz).
    – El principal rival de Argentina, Brasil, fue desestabilizado de todas las formas posibles, haciéndoles jugar a cada partido en una punta del país. Los brasileños durante aquel Mundial recorrieron miles de kilómetros en viajes, mientras Argentina jugaba prácticamente todos los partidos en el mismo lugar.
    Pero todas las irregularidades anteriores enmudecen ante el escándalo que se vivió en el Argentina – Perú. Aquel partido era fundamental para los albicelestes ya que debían ganarlo por una diferencia de goles tal que superara al gol-average particular de Brasil, selección con la que estaban peleando su pase a la final (en aquel Mundial no hubo semifinales sino liguilla, pasando a la final los líderes de cada grupo).
    Para saber exactamente los goles que Argentina le tenía que meter a Perú, se hizo un cambio de horario en el Brasil – Polonia, que fue jugado unas horas antes y cuyo resultado fue 3 – 1 a favor de los brasileños. La diferencia de goles de los brasileños era de +5, por lo que los argentinos tendrían que ganarle a los peruanos por una diferencia de 4 goles, como mínimo.
    Antes del comienzo del encuentro, Videla (acompañado de Henry Kissinger) bajó al vestuario de Perú, donde comenzó a dar una curiosa charla a los peruanos, apelando a la “solidaridad sudamericana” de los andinos, que ya no tenían opciones de clasificación. Además, según parece, tuvo una conversación con el portero peruano (argentino de nacimiento) Quiroga.
    El resto se lo pueden imaginar: defensas peruanos especialmente torpes, mediocampistas peruanos que no corrían, portero argentino nacionalizado peruano que se tiraba al balón un segundo tarde…y así, hasta el 6 – 0 final que permitiría a los argentinos disputarle el título a la “naranja mecánica” holandesa.
    Según dicen, Perú jugó aquel día con la camiseta suplente para no mancillar los colores habituales de una selección que contaba por entonces con futbolistas de enorme talento como Manzo, Cubillas, Chumpitaz o Sotil. Aquellos eran los que habían ganado una Copa América en 1975 y los que, en condiciones normales, jamás habrían jugado con esa pasividad, ni sufrido tamaña goleada ante los argentinos.
    Posteriormente se supo (se rumoreó, ya que los que hacen sobornos no extienden facturas) que los andinos habían sido comprados para que se dejasen golear.
    Hace unos años, unos periodistas argentinos hicieron el documental “Mundial 78, ¿verdad o mentira?” en el que se intenta arrojar algo de luz sobre uno de los hechos más vergonzosos de la Historia de los Mundiales.
    Parece que todo se acaba resumiendo en que Argentina compró a Perú por un par de millones de dólares y un barco de trigo. ¿Realismo mágico? No. La Argentina´78 de los años de plomo.

  • Holanda, la legendaria

    Holanda, la legendaria "naranja mecánica" de 1974

    El comienzo de la década de los 70 fue monopolizado por un equipo y un futbolista: el Ajax de Johan Cruyff. El talentoso extremo zurdo holandés consiguió liderar un equipo temible que no se cansó de ganar títulos. Así, en tres temporadas, las que van de 1971 a 1973, Cruyff conquistó tres Copas de Europa, una Supercopa y una Intercontinental.

    Por eso, 1974 se presentaba como el momento perfecto para convertirse en leyenda gracias a un triunfo de la selección. Holanda llegaba al Mundial de Alemania como gran favorita. Era un equipo formado a partir de aquél invencible Ajax. Aunque la mayoría de sus figuras –como el propio Cruyff, ya en el Barcelona- se encontraban en otros equipos, la selección oranje era una máquina perfecta de ganar. Y lo constató desde el inicio del campeonato.

    Se produjo un gran cambio en el sistema de competición. Después de la primera fase de grupos, se iba a producir una segunda, dividida en dos grupos, de tal manera que los campeones de cada uno de ellos se enfrentarían en la final. Dicho de otro modo, no habría eliminatorias directas hasta el último partido.

    Uno de los partidos más espectaculares que se vivió en la primera fase fue el que enfrentó a Uruguay y Holanda. Los uruguayos llegaban como máximos exponentes del estilo de fútbol sudamericano -Brasil al margen- mientras que Holanda era todo lo contrario: pases cortos, velocidad en el juego, ataque por encima de la defensa… probablemente el equipo más revolucionario de las últimas décadas. El que dio lugar al denominado fútbol total.

    Por eso, se le otorga tanta importancia a la victoria de los holandeses por 2-0 en dicho partido. Era la demostración de que ese estilo también podía triunfar en una época en la que el fútbol era, sobre todo, defensa. El 2 a 0 con el que Holanda se impuso, con un doblete de Rep, fue muy significativo. Además, en el grupo, el segundo clasificado y que, por tanto, lograba su pase a la siguiente fase, era Suecia.

    Aunque sin duda el partido más destacado de la primera fase fue el duelo entre la Alemania Federal y la Alemania Democrática, que disputaba por primera vez un campeonato del mundo. El sorteo quiso que ambas selecciones se enfrentaran, en un partido marcado por las durísimas medidas de seguridad que lo rodearon. Entre otras, un helicóptero sobrevolando el estadio durante los 90 minutos.

    La victoria, además, fue para la débil, para la Alemania Democrática, gracias a un gol de Sparwasser. Ambas selecciones lograrían el pase a la fase siguiente. Nunca más volverían a enfrentarse.

    Si la primera fase no había sido precisamente espectacular, menos lo fue la segunda. El hecho de que se tratara de una liguilla restó emoción a los enfrentamientos. Holanda, en el Grupo 1, ganó con comodidad sus encuentros, ante Argentina, Alemania Democrática y Brasil. Una Brasil que, pese a que llegaba como vigente campeona del mundo, lo hacía sin Pelé, Gerson o Tostao. Ya no eran lo mismo.

    Alemania hizo lo propio en el Grupo 2. Se impuso a Yugoslavia y Suecia con relativa comodidad, y sufrió de lo lindo para superar a Polonia y asegurarse así un puesto en la final. Lo hizo gracias a un solitario tanto de, quién si no, Gerd Muller.

    Así, después de un campeonato no demasiado brillante, la final se presumía como un gran partido. Y no decepcionó. Se citaban el gran favorito desde antes de comenzar, Holanda, y el anfitrión y siempre fiable combinado alemán. Aún así, la empresa para los germanos era complicada. Holanda era superior. Y lo había demostrado durante todo el campeonato. Su fútbol total no dejaba de crecer. Había llegado a la final tras ceder tan solo un punto, y encajar un único gol en los seis partidos que había disputado. Era la gran favorita.
    Condición que se acrecentó en la primera jugada del partido. Tras sacar los holandeses de centro, dieciocho pases consecutivos terminaron con un penalti de Hoeness sobre Cruyff que transformaría Neeskens. El resultado ya era de 1-0, y Alemania aún ni había tocado el balón.

    Y comienza el asedio alemán. En media hora, siete saques de esquina. Y en el minuto 27, Holzenbein es zancadilleado dentro del área por Jansen, y el árbitro decreta pena máxima. Breitner no la desaprovecha. Empate a uno. El choque ya está empatado. De hecho, se abre más que nunca. Y cuando parecía que era Holanda quien más cerca se encontraba del gol, el cañonero Muller, aún antes del descanso, ponía a los alemanes por delante. Ver para creer.

    En la segunda mitad Holanda sacó a relucir su mayor calidad -indudable-, y encerró a Alemania durante 45 minutos. Pero los germanos se valieron de su fortaleza física -también indudable- para resistir el marcador, con un héroe por encima de todos: el portero Seep Mayer. Para siempre quedará su parada a bocajarro tras disparo de Johan Cruyff. Era la imagen de lo que estaba siendo el partido: la magia no puede con la fuerza.

    Y así, se terminó el partido, con los alemanes vencedores en casa contra todo pronóstico dando la vuelta de honor delante de su afición, enloquecida. Mientras, en un fondo del estadio, los holandeses desconsolados, por una final que nunca creyeron capaces de perder. Quizá, una final que nunca merecieron perder. Pero una final que perdieron, y que les dejó sin el título mundial que tanto anhelaban.

    A pesar de eso, la Naranja Mecánica será considerada una de las mejores selecciones de la historia y llamada por muchos como : "La selección sin corona".

    Holanda, la legendaria "naranja mecánica" de 1974

    El comienzo de la década de los 70 fue monopolizado por un equipo y un futbolista: el Ajax de Johan Cruyff. El talentoso extremo zurdo holandés consiguió liderar un equipo temible que no se cansó de ganar títulos. Así, en tres temporadas, las que van de 1971 a 1973, Cruyff conquistó tres Copas de Europa, una Supercopa y una Intercontinental.

    Por eso, 1974 se presentaba como el momento perfecto para convertirse en leyenda gracias a un triunfo de la selección. Holanda llegaba al Mundial de Alemania como gran favorita. Era un equipo formado a partir de aquél invencible Ajax. Aunque la mayoría de sus figuras –como el propio Cruyff, ya en el Barcelona- se encontraban en otros equipos, la selección oranje era una máquina perfecta de ganar. Y lo constató desde el inicio del campeonato.

    Se produjo un gran cambio en el sistema de competición. Después de la primera fase de grupos, se iba a producir una segunda, dividida en dos grupos, de tal manera que los campeones de cada uno de ellos se enfrentarían en la final. Dicho de otro modo, no habría eliminatorias directas hasta el último partido.

    Uno de los partidos más espectaculares que se vivió en la primera fase fue el que enfrentó a Uruguay y Holanda. Los uruguayos llegaban como máximos exponentes del estilo de fútbol sudamericano -Brasil al margen- mientras que Holanda era todo lo contrario: pases cortos, velocidad en el juego, ataque por encima de la defensa… probablemente el equipo más revolucionario de las últimas décadas. El que dio lugar al denominado fútbol total.

    Por eso, se le otorga tanta importancia a la victoria de los holandeses por 2-0 en dicho partido. Era la demostración de que ese estilo también podía triunfar en una época en la que el fútbol era, sobre todo, defensa. El 2 a 0 con el que Holanda se impuso, con un doblete de Rep, fue muy significativo. Además, en el grupo, el segundo clasificado y que, por tanto, lograba su pase a la siguiente fase, era Suecia.

    Aunque sin duda el partido más destacado de la primera fase fue el duelo entre la Alemania Federal y la Alemania Democrática, que disputaba por primera vez un campeonato del mundo. El sorteo quiso que ambas selecciones se enfrentaran, en un partido marcado por las durísimas medidas de seguridad que lo rodearon. Entre otras, un helicóptero sobrevolando el estadio durante los 90 minutos.

    La victoria, además, fue para la débil, para la Alemania Democrática, gracias a un gol de Sparwasser. Ambas selecciones lograrían el pase a la fase siguiente. Nunca más volverían a enfrentarse.

    Si la primera fase no había sido precisamente espectacular, menos lo fue la segunda. El hecho de que se tratara de una liguilla restó emoción a los enfrentamientos. Holanda, en el Grupo 1, ganó con comodidad sus encuentros, ante Argentina, Alemania Democrática y Brasil. Una Brasil que, pese a que llegaba como vigente campeona del mundo, lo hacía sin Pelé, Gerson o Tostao. Ya no eran lo mismo.

    Alemania hizo lo propio en el Grupo 2. Se impuso a Yugoslavia y Suecia con relativa comodidad, y sufrió de lo lindo para superar a Polonia y asegurarse así un puesto en la final. Lo hizo gracias a un solitario tanto de, quién si no, Gerd Muller.

    Así, después de un campeonato no demasiado brillante, la final se presumía como un gran partido. Y no decepcionó. Se citaban el gran favorito desde antes de comenzar, Holanda, y el anfitrión y siempre fiable combinado alemán. Aún así, la empresa para los germanos era complicada. Holanda era superior. Y lo había demostrado durante todo el campeonato. Su fútbol total no dejaba de crecer. Había llegado a la final tras ceder tan solo un punto, y encajar un único gol en los seis partidos que había disputado. Era la gran favorita.
    Condición que se acrecentó en la primera jugada del partido. Tras sacar los holandeses de centro, dieciocho pases consecutivos terminaron con un penalti de Hoeness sobre Cruyff que transformaría Neeskens. El resultado ya era de 1-0, y Alemania aún ni había tocado el balón.

    Y comienza el asedio alemán. En media hora, siete saques de esquina. Y en el minuto 27, Holzenbein es zancadilleado dentro del área por Jansen, y el árbitro decreta pena máxima. Breitner no la desaprovecha. Empate a uno. El choque ya está empatado. De hecho, se abre más que nunca. Y cuando parecía que era Holanda quien más cerca se encontraba del gol, el cañonero Muller, aún antes del descanso, ponía a los alemanes por delante. Ver para creer.

    En la segunda mitad Holanda sacó a relucir su mayor calidad -indudable-, y encerró a Alemania durante 45 minutos. Pero los germanos se valieron de su fortaleza física -también indudable- para resistir el marcador, con un héroe por encima de todos: el portero Seep Mayer. Para siempre quedará su parada a bocajarro tras disparo de Johan Cruyff. Era la imagen de lo que estaba siendo el partido: la magia no puede con la fuerza.

    Y así, se terminó el partido, con los alemanes vencedores en casa contra todo pronóstico dando la vuelta de honor delante de su afición, enloquecida. Mientras, en un fondo del estadio, los holandeses desconsolados, por una final que nunca creyeron capaces de perder. Quizá, una final que nunca merecieron perder. Pero una final que perdieron, y que les dejó sin el título mundial que tanto anhelaban.

    A pesar de eso, la Naranja Mecánica será considerada una de las mejores selecciones de la historia y llamada por muchos como : "La selección sin corona".

  • México 1970: el Mundial de las novedades

    México 1970: el Mundial de las novedades

    El campeonato mundial de México 1970 estuvo lleno de novedades. Para empezar, por primera vez se jugó un Mundial fuera de Europa o Sudamérica.

    Por otro lado, puede considerarse a México 70 como el primer Mundial moderno. Fue ahí cuando se introdujo por primera vez la posibilidad de realizar cambios, lo que sin duda favoreció la diversión.

    Además, aparecieron las tarjetas, tanto amarillas como rojas, como una manera de dejar más claro a todos lo que sucedía entre el árbitro y los futbolistas –las expulsiones ya existían, aunque de manera verbal–.

    Curiosamente, no hubo expulsiones en este certamen. Y fue este el primer Mundial que pudo ser visto de manera íntegra por televisión, y por primera vez en color. No pudo haber mejor ocasión para estrenarse.

    Adidas debutó como fabricante del balón mundialista en el mejor momento posible. Nombrado en honor de un satélite de comunicaciones lanzado desde la Florida y una exitosa canción instrumental de The Tornados, el Telstar —con sus 32 paneles hexagonales en blanco y negro— es el balón más icónico jamás creado.

    En México, este balón estuvo al centro de partidos mágicos, los cuales siguen siendo considerados como los mejores en la historia de la Copa Mundial, gracias a un fútbol vertical que resultó en el mayor promedio de goles anotados en un solo torneo, con 2.97 por partido.

    México 1970: el Mundial de las novedades

    El campeonato mundial de México 1970 estuvo lleno de novedades. Para empezar, por primera vez se jugó un Mundial fuera de Europa o Sudamérica.

    Por otro lado, puede considerarse a México 70 como el primer Mundial moderno. Fue ahí cuando se introdujo por primera vez la posibilidad de realizar cambios, lo que sin duda favoreció la diversión.

    Además, aparecieron las tarjetas, tanto amarillas como rojas, como una manera de dejar más claro a todos lo que sucedía entre el árbitro y los futbolistas –las expulsiones ya existían, aunque de manera verbal–.

    Curiosamente, no hubo expulsiones en este certamen. Y fue este el primer Mundial que pudo ser visto de manera íntegra por televisión, y por primera vez en color. No pudo haber mejor ocasión para estrenarse.

    Adidas debutó como fabricante del balón mundialista en el mejor momento posible. Nombrado en honor de un satélite de comunicaciones lanzado desde la Florida y una exitosa canción instrumental de The Tornados, el Telstar —con sus 32 paneles hexagonales en blanco y negro— es el balón más icónico jamás creado.

    En México, este balón estuvo al centro de partidos mágicos, los cuales siguen siendo considerados como los mejores en la historia de la Copa Mundial, gracias a un fútbol vertical que resultó en el mayor promedio de goles anotados en un solo torneo, con 2.97 por partido.

  • El

    El "partido del siglo" de 1970: Italia 4 - Alemania Federal 3

    En el Estadio Azteca de Ciudad de México hay un monumento que conmemora uno de los encuentros más apasionantes de todos los Mundiales, y que se disputó en dicho campo durante el Mundial de 1970.

    Se trató del choque de dos verdaderas potencias: Italia y Alemania Federal. Los azzurri se caracterizaron en este torneo por la aplicación férrea del sistema defensivo conocido como "catenaccio" (cerrojo). Y también fueron avaros en su juego ofensivo. En la primera fase, Italia clasificó primero pero sin demasiado destaque: 1-0 ante Suecia, y dos empates 0-0, ante Uruguay e Israel respectivamente.

    Mientras tanto, los germanos también salieron primeros de su grupo, pero ganando los tres compromisos: 2-1 a Marruecos, 5-2 a Bulgaria y 3-1 a Perú. Una contundencia abrumadora con Gerd Müller como figura destacada, quien a la postre sería el máximo goleador del certamen con 10 conquistas.

    En la segunda fase, los italianos habían goleado a la selección local por 4 a 1, donde comenzaron a aparecer jugadores como Luigi Riva y Gianni Rivera, mientras los germanos se clasificaron tras derrotar a los ingleses en tiempo extra por 3 a 2, reeditando la final del torneo previo de 1966. Con goles de Beckenbauer, Seeler y Müller, lograron remontar, además, un resultado adverso de 0-2.

    El encuentro de semifinal partió con un temprano gol de Roberto Boninsegna a los 8 minutos. Cuando se jugaban los descuentos, Karl-Heinz Schnellinger anotó a los 92' y forzó la prórroga. Un final digno de los contendientes.

    En el alargue, a los 94' Müller, cuándo no, anotaba y daba vuelta el partido transitoriamente. Claro que los peninsulares no cedieron y cuatro minutos después el lateral Tarcisio Burgnich ponía la igualdad. A punto de terminar el primer tiempo de la prórroga el infalible Luigi Riva aparecía en el marcador y ponía a Italia en ventaja. Pero seis minutos después Müller alcanzaba la igualdad, y al minuto siguiente Gianni Rivera, "el bambino de oro", conseguía el cuarto para los azzurri que sería definitivo.

    Faltaban 9 minutos para el final. Alemania, exhausta tras el partido ante Inglaterra y con Franz Beckenbauer lesionado, no pudo reaccionar.Muchos consideraron que se trató de uno de los partidos más memorables y, quizás, el mejor de la historia. Y es así como fue bautizado el "Partido del Siglo", y una placa lo recuerda en el Estadio Azteca.

    El "partido del siglo" de 1970: Italia 4 - Alemania Federal 3

    En el Estadio Azteca de Ciudad de México hay un monumento que conmemora uno de los encuentros más apasionantes de todos los Mundiales, y que se disputó en dicho campo durante el Mundial de 1970.

    Se trató del choque de dos verdaderas potencias: Italia y Alemania Federal. Los azzurri se caracterizaron en este torneo por la aplicación férrea del sistema defensivo conocido como "catenaccio" (cerrojo). Y también fueron avaros en su juego ofensivo. En la primera fase, Italia clasificó primero pero sin demasiado destaque: 1-0 ante Suecia, y dos empates 0-0, ante Uruguay e Israel respectivamente.

    Mientras tanto, los germanos también salieron primeros de su grupo, pero ganando los tres compromisos: 2-1 a Marruecos, 5-2 a Bulgaria y 3-1 a Perú. Una contundencia abrumadora con Gerd Müller como figura destacada, quien a la postre sería el máximo goleador del certamen con 10 conquistas.

    En la segunda fase, los italianos habían goleado a la selección local por 4 a 1, donde comenzaron a aparecer jugadores como Luigi Riva y Gianni Rivera, mientras los germanos se clasificaron tras derrotar a los ingleses en tiempo extra por 3 a 2, reeditando la final del torneo previo de 1966. Con goles de Beckenbauer, Seeler y Müller, lograron remontar, además, un resultado adverso de 0-2.

    El encuentro de semifinal partió con un temprano gol de Roberto Boninsegna a los 8 minutos. Cuando se jugaban los descuentos, Karl-Heinz Schnellinger anotó a los 92' y forzó la prórroga. Un final digno de los contendientes.

    En el alargue, a los 94' Müller, cuándo no, anotaba y daba vuelta el partido transitoriamente. Claro que los peninsulares no cedieron y cuatro minutos después el lateral Tarcisio Burgnich ponía la igualdad. A punto de terminar el primer tiempo de la prórroga el infalible Luigi Riva aparecía en el marcador y ponía a Italia en ventaja. Pero seis minutos después Müller alcanzaba la igualdad, y al minuto siguiente Gianni Rivera, "el bambino de oro", conseguía el cuarto para los azzurri que sería definitivo.

    Faltaban 9 minutos para el final. Alemania, exhausta tras el partido ante Inglaterra y con Franz Beckenbauer lesionado, no pudo reaccionar.Muchos consideraron que se trató de uno de los partidos más memorables y, quizás, el mejor de la historia. Y es así como fue bautizado el "Partido del Siglo", y una placa lo recuerda en el Estadio Azteca.

  • En 1966 Inglaterra también tuvo su “mano de Dios”… o de los árbitros

    En 1966 Inglaterra también tuvo su “mano de Dios”… o de los árbitros

    El gol fantasma de Geoff Hurst fue la imagen de un torneo marcado por dudosas actuaciones arbitrales que siempre beneficiaron al equipo local. Hurst, único delantero capaz de marcar tres goles en la final de un Mundial, confesó décadas más tarde: «El balón nunca cruzó la línea».

    Era el 30 de julio de 1966 y se disputaba la final entre Inglaterra y Alemania (Federal) en el mítico Wembley. Los alemanes se pusieron en ventaja a los 12' con tanto de Haller. Pero seis minutos después empataba Hurst y así terminó la primera parte. En el complemento, a los 78' Martin Peters ponía adelante a los ingleses, y cuando todo parecía concluir así, en el minuto 89 un tiro libre a favor de los germanos fue ejecutado por Weber, quien se encargó de convertir el empate, forzando la definición en el alargue.

    Ya habían pasado los primeros 15 minutos de la prórroga. Corría el minuto 101 cuando se produce la incidencia polémica. El juez de línea señaló gol tras aquel derechazo de Geoff Hurst que se estrelló en el travesaño y rebotó sobre la línea. El árbitro suizo Gottfried Dienst vaciló, pero finalmente hizo caso a su asistente a pesar de las protestas alemanas.

    Wembley enloquecía. El gol llegaba en un momento decisivo al deshacer el empate en la prórroga. Hurst remató la faena en el último minuto marcando el cuarto. Un periodista de la época, no inglés, evidentemente, sentenció: «Por decisión de un juez de línea es Inglaterra campeón del mundo».

    El gol fantasma de Hurst se convirtió en motivo de polémica durante años para todos los aficionados del fútbol. La regla dejaba claro que el gol debía subir al marcador cuando la totalidad del esférico traspasara la línea de gol. Roger Hunt, el futbolista inglés más próximo al balón en aquella jugada aseguró que vio la pelota dentro y por eso alzó los brazos antes de que el árbitro señalara gol. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Oxford treinta años más tarde, concluyó que el esférico se quedó a seis centímetros de sobrepasar completamente la línea de cal, por lo que el tanto jamás tuvo que subir al marcador.

    Pero ese tanto no fue la única decisión arbitral que benefició a los ingleses. En cuartos de final, Inglaterra se enfrentaba a la selección de Argentina en un partido crucial. Pasada la primera media hora de partido, se produjo la expulsión de Rattin, el mediocampista albiceleste, por motivos que sólo el árbitro alemán Kreitlin supo.

    Argentina jugó el resto del partido con diez futbolistas y Geoff Hurst consiguió el gol que metió a los ingleses en semifinales.

    Inglaterra ganó todos los partidos que disputó: en la primera ronda ante México y Francia, ambos por 2-0. En cuartos de final ante Argentina 1-0, en semifinales ante Portugal 2-1, y la final ante Alemania 4-2. Todos menos uno: los ingleses no pudieron derrotar a Uruguay en el cotejo inaugural del Mundial. Fue empate sin goles.

    En 1966 Inglaterra también tuvo su “mano de Dios”… o de los árbitros

    El gol fantasma de Geoff Hurst fue la imagen de un torneo marcado por dudosas actuaciones arbitrales que siempre beneficiaron al equipo local. Hurst, único delantero capaz de marcar tres goles en la final de un Mundial, confesó décadas más tarde: «El balón nunca cruzó la línea».

    Era el 30 de julio de 1966 y se disputaba la final entre Inglaterra y Alemania (Federal) en el mítico Wembley. Los alemanes se pusieron en ventaja a los 12' con tanto de Haller. Pero seis minutos después empataba Hurst y así terminó la primera parte. En el complemento, a los 78' Martin Peters ponía adelante a los ingleses, y cuando todo parecía concluir así, en el minuto 89 un tiro libre a favor de los germanos fue ejecutado por Weber, quien se encargó de convertir el empate, forzando la definición en el alargue.

    Ya habían pasado los primeros 15 minutos de la prórroga. Corría el minuto 101 cuando se produce la incidencia polémica. El juez de línea señaló gol tras aquel derechazo de Geoff Hurst que se estrelló en el travesaño y rebotó sobre la línea. El árbitro suizo Gottfried Dienst vaciló, pero finalmente hizo caso a su asistente a pesar de las protestas alemanas.

    Wembley enloquecía. El gol llegaba en un momento decisivo al deshacer el empate en la prórroga. Hurst remató la faena en el último minuto marcando el cuarto. Un periodista de la época, no inglés, evidentemente, sentenció: «Por decisión de un juez de línea es Inglaterra campeón del mundo».

    El gol fantasma de Hurst se convirtió en motivo de polémica durante años para todos los aficionados del fútbol. La regla dejaba claro que el gol debía subir al marcador cuando la totalidad del esférico traspasara la línea de gol. Roger Hunt, el futbolista inglés más próximo al balón en aquella jugada aseguró que vio la pelota dentro y por eso alzó los brazos antes de que el árbitro señalara gol. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Oxford treinta años más tarde, concluyó que el esférico se quedó a seis centímetros de sobrepasar completamente la línea de cal, por lo que el tanto jamás tuvo que subir al marcador.

    Pero ese tanto no fue la única decisión arbitral que benefició a los ingleses. En cuartos de final, Inglaterra se enfrentaba a la selección de Argentina en un partido crucial. Pasada la primera media hora de partido, se produjo la expulsión de Rattin, el mediocampista albiceleste, por motivos que sólo el árbitro alemán Kreitlin supo.

    Argentina jugó el resto del partido con diez futbolistas y Geoff Hurst consiguió el gol que metió a los ingleses en semifinales.

    Inglaterra ganó todos los partidos que disputó: en la primera ronda ante México y Francia, ambos por 2-0. En cuartos de final ante Argentina 1-0, en semifinales ante Portugal 2-1, y la final ante Alemania 4-2. Todos menos uno: los ingleses no pudieron derrotar a Uruguay en el cotejo inaugural del Mundial. Fue empate sin goles.

  • Eusébio, la

    Eusébio, la "Pantera Negra", estrella del Mundial de 1966

    Eusébio da Silva Ferreira, nació en Lourenço Marques, hoy Maputo, capital de la entonces África Oriental Portuguesa, que es actualmente el país de Mozambique.

    Considerado por la FIFA uno de los mejores jugadores europeos del siglo XX y uno de los grandes delanteros de la historia del fútbol, fue uno de los mayores iconos de este deporte en Portugal.

    Obtuvo el Balón de Oro al mejor jugador de Europa en 1965 y la Bota de Oro al máximo goleador en 1966 y 1973.

    Eusébio, conocido como «La Pantera Negra» fue el máximo goleador del Mundial de 1966 con nueve goles y la estrella del torneo. Le permitió, además, a Portugal alcanzar el tercer puesto, en lo que es hasta ahora su mejor participación en la historia de los campeonatos del mundo.

    Los lusitanos arrasaron en la primera fase con tres victorias al hilo, y de manera contundente y efectiva: 3-1 ante Hungría, 3-0 ante Bulgaria y 3-1 ante Brasil, determinando la eliminación de la selección "verdeamarela". Eusebio marcó un gol ante Bulgaria y dos ante Brasil.

    En los cuartos de final Portugal enfrentaba a Corea del Norte, el equipo revelación del torneo, ya que había logrado clasificar en la segunda posición de su grupo tras derrotar a la bicampeona Italia por 1-0 y decretar la eliminación de la misma.

    Los asiáticos comenzaron a toda máquina, abriendo el score al minuto de juego. Y a los 25 del primer tiempo ganaban por 3 a 0. Sin embargo, éste iba a ser el partido de Eusebio, quien a los 27' descontaba por primera vez y a los 43' convertía de tiro penal, acortando las diferencias.

    En el segundo tiempo, a los 56' lograba un histórico empate y a los 59', nuevamente de penal, ponía en ventaja a los lusitanos. Cerca del final, José Augusto aumentó las cifras en el minuto 80, marcando el resultado definitivo de 5-3 para Portugal y el pasaje a la semifinal.

    El duelo entre Inglaterra y Portugal debía disputarse el 26 de julio en Liverpool, pero la organización del mundial decidió trasladar la semifinal a Wembley, el feudo de los ingleses durante todo el campeonato. Dos goles de Bobby Charlton, a los 30' y a los 80', prácticamente sellaron la suerte del cotejo. Eusébio tuvo tiempo para descontar a los 82', otra vez de penal, aunque no fue suficiente. Era el fin del sueño lusitano, y la estrella del torneo se retiró llorando del campo de juego.

    En la definición del tercer puesto, Portugal derrotó a Unión Soviética por 2 a 1. Una vez más, la "Pantera negra" se hizo presente en el marcador a los 12 minutos. Maloféyev empataría a los 43' para los soviéticos y ya cerca del final del encuentro Portugal encontró la victoria con gol de José Torres en el minuto 89.

    Eusébio jugó 64 partidos con la camiseta de la selección lusitana y marcó 41 goles. Con su club tradicional, el Sport Lisboa y Benfica participó en 440 partidos y alcanzó 473 goles, lo que da un promedio algo superior a un gol por partido.

    Eusébio, la "Pantera Negra", estrella del Mundial de 1966

    Eusébio da Silva Ferreira, nació en Lourenço Marques, hoy Maputo, capital de la entonces África Oriental Portuguesa, que es actualmente el país de Mozambique.

    Considerado por la FIFA uno de los mejores jugadores europeos del siglo XX y uno de los grandes delanteros de la historia del fútbol, fue uno de los mayores iconos de este deporte en Portugal.

    Obtuvo el Balón de Oro al mejor jugador de Europa en 1965 y la Bota de Oro al máximo goleador en 1966 y 1973.

    Eusébio, conocido como «La Pantera Negra» fue el máximo goleador del Mundial de 1966 con nueve goles y la estrella del torneo. Le permitió, además, a Portugal alcanzar el tercer puesto, en lo que es hasta ahora su mejor participación en la historia de los campeonatos del mundo.

    Los lusitanos arrasaron en la primera fase con tres victorias al hilo, y de manera contundente y efectiva: 3-1 ante Hungría, 3-0 ante Bulgaria y 3-1 ante Brasil, determinando la eliminación de la selección "verdeamarela". Eusebio marcó un gol ante Bulgaria y dos ante Brasil.

    En los cuartos de final Portugal enfrentaba a Corea del Norte, el equipo revelación del torneo, ya que había logrado clasificar en la segunda posición de su grupo tras derrotar a la bicampeona Italia por 1-0 y decretar la eliminación de la misma.

    Los asiáticos comenzaron a toda máquina, abriendo el score al minuto de juego. Y a los 25 del primer tiempo ganaban por 3 a 0. Sin embargo, éste iba a ser el partido de Eusebio, quien a los 27' descontaba por primera vez y a los 43' convertía de tiro penal, acortando las diferencias.

    En el segundo tiempo, a los 56' lograba un histórico empate y a los 59', nuevamente de penal, ponía en ventaja a los lusitanos. Cerca del final, José Augusto aumentó las cifras en el minuto 80, marcando el resultado definitivo de 5-3 para Portugal y el pasaje a la semifinal.

    El duelo entre Inglaterra y Portugal debía disputarse el 26 de julio en Liverpool, pero la organización del mundial decidió trasladar la semifinal a Wembley, el feudo de los ingleses durante todo el campeonato. Dos goles de Bobby Charlton, a los 30' y a los 80', prácticamente sellaron la suerte del cotejo. Eusébio tuvo tiempo para descontar a los 82', otra vez de penal, aunque no fue suficiente. Era el fin del sueño lusitano, y la estrella del torneo se retiró llorando del campo de juego.

    En la definición del tercer puesto, Portugal derrotó a Unión Soviética por 2 a 1. Una vez más, la "Pantera negra" se hizo presente en el marcador a los 12 minutos. Maloféyev empataría a los 43' para los soviéticos y ya cerca del final del encuentro Portugal encontró la victoria con gol de José Torres en el minuto 89.

    Eusébio jugó 64 partidos con la camiseta de la selección lusitana y marcó 41 goles. Con su club tradicional, el Sport Lisboa y Benfica participó en 440 partidos y alcanzó 473 goles, lo que da un promedio algo superior a un gol por partido.

  • Willie y Pickles, dos personajes del Mundial de Inglaterra 1966

    Willie y Pickles, dos personajes del Mundial de Inglaterra 1966

    El Mundial de Inglaterra 1966 fue el primero en presentar oficialmente una mascota que lo representara. A partir de ese año, todos los Mundiales tuvieron la suya, y eso les serviría para promocionarlos y favorecer el comercio de todo lo relacionado a esa competición mundial.

    La mascota del Mundial de Inglaterra se llamó "World Cup Willie" y para sorpresa de muchos, era un león que nada tenía que ver con los tradicionales íconos de Londres (los autobuses rojos de doble piso o el policía dirigiendo el tránsito, por nombrar algunas).

    Pero Willie no era un simple felino, era un león como los que aparecen en el escudo inglés, aunque éste era futbolista y vestía una camiseta del Reino Unido. Fue pensado para que simbolizara la fuerza de su pueblo, pero también su nobleza y linaje.

    El mismo nombre llevaba el tema oficial del mundial disputado, el escogido para interpretarlo fue Lonnie Donegan.

    Willie mereció todas las miradas por ser la primera mascota de un Mundial de futbol pero estuvo a punto de perder su protagonismo de la mano de Pickles, una perra doméstica bien real.

    Durante el mes de marzo de 1966, la realización del evento fue puesta en jaque tras el robo de la Copa Jules Rimet, la cual era exhibida al público en una iglesia de Westminster. El trofeo permaneció perdido durante ocho días, tras los cuales Pickles la encontró en el jardín de una casa.

    El ladrón fue finalmente condenado a dos años de prisión, mientras Pickles logró gran popularidad siendo exhibida durante el día de la inauguración del evento, que fue transmitido por primera vez en televisión a todo el mundo por vía satelital.

    "World Cup Willie" - Lonnie Donegan

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    Willie y Pickles, dos personajes del Mundial de Inglaterra 1966

    El Mundial de Inglaterra 1966 fue el primero en presentar oficialmente una mascota que lo representara. A partir de ese año, todos los Mundiales tuvieron la suya, y eso les serviría para promocionarlos y favorecer el comercio de todo lo relacionado a esa competición mundial.

    La mascota del Mundial de Inglaterra se llamó "World Cup Willie" y para sorpresa de muchos, era un león que nada tenía que ver con los tradicionales íconos de Londres (los autobuses rojos de doble piso o el policía dirigiendo el tránsito, por nombrar algunas).

    Pero Willie no era un simple felino, era un león como los que aparecen en el escudo inglés, aunque éste era futbolista y vestía una camiseta del Reino Unido. Fue pensado para que simbolizara la fuerza de su pueblo, pero también su nobleza y linaje.

    El mismo nombre llevaba el tema oficial del mundial disputado, el escogido para interpretarlo fue Lonnie Donegan.

    Willie mereció todas las miradas por ser la primera mascota de un Mundial de futbol pero estuvo a punto de perder su protagonismo de la mano de Pickles, una perra doméstica bien real.

    Durante el mes de marzo de 1966, la realización del evento fue puesta en jaque tras el robo de la Copa Jules Rimet, la cual era exhibida al público en una iglesia de Westminster. El trofeo permaneció perdido durante ocho días, tras los cuales Pickles la encontró en el jardín de una casa.

    El ladrón fue finalmente condenado a dos años de prisión, mientras Pickles logró gran popularidad siendo exhibida durante el día de la inauguración del evento, que fue transmitido por primera vez en televisión a todo el mundo por vía satelital.

    "World Cup Willie" - Lonnie Donegan

    Vn1ocjcD-ZE

  • El mexicano Antonio Carbajal, el primer jugador que estuvo en cinco Copas del Mundo

    El mexicano Antonio Carbajal, el primer jugador que estuvo en cinco Copas del Mundo

    Sólo dos jugadores han participado en cinco campeonatos mundiales. El alemán Lothar Matthäus, entre 1982 y 1998, siendo campeón en 1990, es además quien disputó mayor cantidad de partidos de la historia: 25, récord que se mantiene hasta la actualidad.

    Pero el primero en en jugar en cinco diferentes Copas del Mundo fue el guardameta mexicano Antonio "Tota" Carbajal, quien lo hizo desde 1950 hasta 1966.

    Desafortunadamente, es también el portero con más goles recibidos de la selección ya que participó en una época en la que el Tri perdió 10 de 14 partidos y recibió 33 goles, 25 de ellos fueron a la cuenta de Carbajal.

    En 1950, el debut fue contra el equipo anfitrión, Brasil, que tardó 30 minutos en hacer su primer gol y acabó ganando 4-0, después llegó otra goleada, 1-4 ante Yugoslavia, mientras que la despedida fue perdiendo 1-2 ante Suiza. Carbajal jugó los tres partidos.

    En Suiza 1954, Carbajal no fue titular en el primer partido de México, que fue derrota 0-5 ante Brasil, pero sí apareció en la puerta en el segundo y último compromiso, que también fue una derrota: 2-3 ante Francia.

    Carbajal recobró la titularidad y fue el arquero en los tres partidos de México en Suecia 1958, los goles siguieron cayendo y las derrotas acumulándose: 0-3 ante Suecia en la inauguración, pero después, un encuentro histórico, el primer empate del Tri en la historia de los mundiales: 1-1 contra Gales. La despedida fue con goleada 0-4 ante Hungría.

    México debutó contra Brasil en el Mundial Chile 1962, la derrota fue mínima, solamente 0-2. El siguiente compromiso, ante España, parecía que Carbajal podría mantener su meta en blanco, pero en el minuto 90 los españoles anotaron al final y se llevaron la victoria. Sin embargo, Carbajal tendría su compensación: estaría presente en el último partido, la primera victoria del Tri en la historia, 3-1 sobre Checoslovaquia el 7 de junio.

    Antonio fue a Inglaterra 1966, no jugó contra Francia ni contra Inglaterra, pero saltó al terreno de juego el 19 de julio para enfrentar a Uruguay, con eso, se convirtió en el primer jugador en estar presente en cinco mundiales, además, por primera vez mantuvo su meta imbatida, la igualdad 0-0 ante los celestes marcó la despedida de 'La Tota' de las Copas del Mundo.

    El mexicano Antonio Carbajal, el primer jugador que estuvo en cinco Copas del Mundo

    Sólo dos jugadores han participado en cinco campeonatos mundiales. El alemán Lothar Matthäus, entre 1982 y 1998, siendo campeón en 1990, es además quien disputó mayor cantidad de partidos de la historia: 25, récord que se mantiene hasta la actualidad.

    Pero el primero en en jugar en cinco diferentes Copas del Mundo fue el guardameta mexicano Antonio "Tota" Carbajal, quien lo hizo desde 1950 hasta 1966.

    Desafortunadamente, es también el portero con más goles recibidos de la selección ya que participó en una época en la que el Tri perdió 10 de 14 partidos y recibió 33 goles, 25 de ellos fueron a la cuenta de Carbajal.

    En 1950, el debut fue contra el equipo anfitrión, Brasil, que tardó 30 minutos en hacer su primer gol y acabó ganando 4-0, después llegó otra goleada, 1-4 ante Yugoslavia, mientras que la despedida fue perdiendo 1-2 ante Suiza. Carbajal jugó los tres partidos.

    En Suiza 1954, Carbajal no fue titular en el primer partido de México, que fue derrota 0-5 ante Brasil, pero sí apareció en la puerta en el segundo y último compromiso, que también fue una derrota: 2-3 ante Francia.

    Carbajal recobró la titularidad y fue el arquero en los tres partidos de México en Suecia 1958, los goles siguieron cayendo y las derrotas acumulándose: 0-3 ante Suecia en la inauguración, pero después, un encuentro histórico, el primer empate del Tri en la historia de los mundiales: 1-1 contra Gales. La despedida fue con goleada 0-4 ante Hungría.

    México debutó contra Brasil en el Mundial Chile 1962, la derrota fue mínima, solamente 0-2. El siguiente compromiso, ante España, parecía que Carbajal podría mantener su meta en blanco, pero en el minuto 90 los españoles anotaron al final y se llevaron la victoria. Sin embargo, Carbajal tendría su compensación: estaría presente en el último partido, la primera victoria del Tri en la historia, 3-1 sobre Checoslovaquia el 7 de junio.

    Antonio fue a Inglaterra 1966, no jugó contra Francia ni contra Inglaterra, pero saltó al terreno de juego el 19 de julio para enfrentar a Uruguay, con eso, se convirtió en el primer jugador en estar presente en cinco mundiales, además, por primera vez mantuvo su meta imbatida, la igualdad 0-0 ante los celestes marcó la despedida de 'La Tota' de las Copas del Mundo.

  • La batalla de Santiago (1962)

    La batalla de Santiago (1962)

    Chile e Italia se enfrentaron en el estadio Nacional el sábado 2 de junio de 1962, en uno de los partidos más famosos y vergonzosos de la historia. Conocido, de hecho, como "La batalla de Santiago".

    En los días previos a la Copa del Mundo, el diario La Nazione, de Florencia, envió a Chile al reportero Corrado Pizzinelli, un trotamundos que luego cubriría, entre otras cosas, la guerra de Vietnam. Junto con él, llegaba al país Antonio Ghirelli, corresponsal del diario milanés El Corriere Della Sera. Ambos hicieron su trabajo: contar cómo se vivía en Chile en esos años.

    Y se vivía mal, obviamente. El subdesarrollo de Sudamérica y las enormes diferencias sociales que aún existen quedaron refrendadas en estupendas crónicas costumbristas que hablaban de poblaciones miserables, de miseria extrema, de problemas cotidianos que afectaban a los turistas, de prostitución.

    También es cierto que Chile había sido afectado por un sismo dos años antes, el terremoto de Valdivia de 1960, conocido también como el Gran Terremoto de Chile.

    Su epicentro se localizó en las cercanías de la ciudad de Valdivia, y tuvo una magnitud de 9,5 en la escala sismológica de magnitud, siendo el mayor registrado en la historia de la humanidad. Más de 2000 personas fallecieron y más de 2 millones quedaron damnificadas a causa de este desastre.

    "Chile es un símbolo triste de las diferencias humanas y de una vida afectada por todos los males", dijo, entre otras cosas, Pizzinelli.

    Sus artículos fueron enviados a Santiago por la embajada chilena en Roma, el gobierno los traspasó a los medios locales, y desde ahí en adelante una bola de nieve alimentada por el viejo "error de desdeñar la verdad cruda y aceptar sólo el halago adulador", en palabras de Joaquín Edwards Bello, generó una apocalíptica reacción nacionalista y patriotera que tenía un solo fin: "Poner a los italianos en su sitio".

    Campañas de radio y prensa llamando a "responder el insulto y el agravio extranjero" hicieron que el partido se jugara encima de un polvorín.

    La delegación italiana intentó palabras conciliadoras en las conferencias de prensa previas, depositó flores en las tumbas de los héroes chilenos, salió a la cancha con flores en sus manos, pero recibió de vuelta sólo desprecio.

    Literalmente: los ramos de flores entregados al público el día del partido fueron devueltos a los jugadores entre salivazos, monedas y lanzamiento de frutas.

    Ya en la cancha, el resumen del partido es simple: arbitraje muy favorable al local, golpes, puñetazos y patadas desde el primer instante, interrupciones permanentes (de los primeros 20 minutos apenas hubo cuatro de juego efectivo), dos italianos expulsados (y ningún chileno pese a que pegaron tanto o más), carabineros en la cancha, patadas a la altura del hombro, y triunfo final para los rojos por 2 a 0, ambos goles en el segundo tiempo cuando el rival jugaba con ocho.

    El arbitro fue el inglés Kenneth George Aston, ex-oficial de la Indian Army y quien luego sería jefe del Comité de Arbitros de la FIFA e inventor -según él influido por el partido en cuestión- del sistema de las tarjetas amarilla y roja, que empezaron a usarse en el Mundial del '70. Hasta el día de hoy es acusado de beneficiar a Chile para asegurar el éxito económico del torneo debido a que los estadios sólo se llenaron cuando jugó el local.

    Extrañamente, Aston también había dirigido el partido anterior de Chile, ante Suiza, con triunfo de los locales por 3 a 1.

    Para la prensa italiana (y la mayoría de la neutral) fue el robo más descarado de la historia de los mundiales. Para la prensa chilena una hazaña sin parangón y el justo pago para los italianos "fascistas, mafiosos, maníacos sexuales y drogadictos", como dijo en los días previos Las Últimas Noticias.

    Cuando semanas después la cinta del partido fue exhibida por la BBC, el presentador David Coleman sólo señaló: "Buenas noches, el juego que usted está a punto de ver es, posiblemente, la más estúpida, horrible, repugnante y vergonzosa exhibición de fútbol de la historia".

    La batalla de Santiago (1962)

    Chile e Italia se enfrentaron en el estadio Nacional el sábado 2 de junio de 1962, en uno de los partidos más famosos y vergonzosos de la historia. Conocido, de hecho, como "La batalla de Santiago".

    En los días previos a la Copa del Mundo, el diario La Nazione, de Florencia, envió a Chile al reportero Corrado Pizzinelli, un trotamundos que luego cubriría, entre otras cosas, la guerra de Vietnam. Junto con él, llegaba al país Antonio Ghirelli, corresponsal del diario milanés El Corriere Della Sera. Ambos hicieron su trabajo: contar cómo se vivía en Chile en esos años.

    Y se vivía mal, obviamente. El subdesarrollo de Sudamérica y las enormes diferencias sociales que aún existen quedaron refrendadas en estupendas crónicas costumbristas que hablaban de poblaciones miserables, de miseria extrema, de problemas cotidianos que afectaban a los turistas, de prostitución.

    También es cierto que Chile había sido afectado por un sismo dos años antes, el terremoto de Valdivia de 1960, conocido también como el Gran Terremoto de Chile.

    Su epicentro se localizó en las cercanías de la ciudad de Valdivia, y tuvo una magnitud de 9,5 en la escala sismológica de magnitud, siendo el mayor registrado en la historia de la humanidad. Más de 2000 personas fallecieron y más de 2 millones quedaron damnificadas a causa de este desastre.

    "Chile es un símbolo triste de las diferencias humanas y de una vida afectada por todos los males", dijo, entre otras cosas, Pizzinelli.

    Sus artículos fueron enviados a Santiago por la embajada chilena en Roma, el gobierno los traspasó a los medios locales, y desde ahí en adelante una bola de nieve alimentada por el viejo "error de desdeñar la verdad cruda y aceptar sólo el halago adulador", en palabras de Joaquín Edwards Bello, generó una apocalíptica reacción nacionalista y patriotera que tenía un solo fin: "Poner a los italianos en su sitio".

    Campañas de radio y prensa llamando a "responder el insulto y el agravio extranjero" hicieron que el partido se jugara encima de un polvorín.

    La delegación italiana intentó palabras conciliadoras en las conferencias de prensa previas, depositó flores en las tumbas de los héroes chilenos, salió a la cancha con flores en sus manos, pero recibió de vuelta sólo desprecio.

    Literalmente: los ramos de flores entregados al público el día del partido fueron devueltos a los jugadores entre salivazos, monedas y lanzamiento de frutas.

    Ya en la cancha, el resumen del partido es simple: arbitraje muy favorable al local, golpes, puñetazos y patadas desde el primer instante, interrupciones permanentes (de los primeros 20 minutos apenas hubo cuatro de juego efectivo), dos italianos expulsados (y ningún chileno pese a que pegaron tanto o más), carabineros en la cancha, patadas a la altura del hombro, y triunfo final para los rojos por 2 a 0, ambos goles en el segundo tiempo cuando el rival jugaba con ocho.

    El arbitro fue el inglés Kenneth George Aston, ex-oficial de la Indian Army y quien luego sería jefe del Comité de Arbitros de la FIFA e inventor -según él influido por el partido en cuestión- del sistema de las tarjetas amarilla y roja, que empezaron a usarse en el Mundial del '70. Hasta el día de hoy es acusado de beneficiar a Chile para asegurar el éxito económico del torneo debido a que los estadios sólo se llenaron cuando jugó el local.

    Extrañamente, Aston también había dirigido el partido anterior de Chile, ante Suiza, con triunfo de los locales por 3 a 1.

    Para la prensa italiana (y la mayoría de la neutral) fue el robo más descarado de la historia de los mundiales. Para la prensa chilena una hazaña sin parangón y el justo pago para los italianos "fascistas, mafiosos, maníacos sexuales y drogadictos", como dijo en los días previos Las Últimas Noticias.

    Cuando semanas después la cinta del partido fue exhibida por la BBC, el presentador David Coleman sólo señaló: "Buenas noches, el juego que usted está a punto de ver es, posiblemente, la más estúpida, horrible, repugnante y vergonzosa exhibición de fútbol de la historia".

  • Chile 1962: el Mundial más sucio de la historia

    Chile 1962: el Mundial más sucio de la historia

    El Mundial de Chile 1962 fue catalogado como el más sucio de la historia, por la ausencia casi total de "fair play". Después de los primeros dos días de juego el parte médico fue alarmante: 24 bajas por lesiones. Y no se detuvo allí: alcanzaría su clímax con el partido que sería denominado "la batalla de Santiago".

    La Unión Soviética y Yugoslavia venían de jugar la final de la Eurocopa, en 1960 en París, con triunfo por 2 a 1 para la URSS. Había tensión y rivalidad, y les tocó el mismo grupo en primera ronda e incluso abrir los juegos en la sede de Arica.

    Puñetazos, patadas, cabezas rotas, grescas, fracturas fue el resultado en el terreno. El jugador ruso Dubinsky, seriamente lesionado, no volvería nunca más a jugar al fútbol. En lo números volvió a la ganar la URSS: 2 a 0.

    A la misma hora del mismo día, en Santiago, Alemania e Italia protagonizaban otra batalla campal. Cuatro italianos y cuatro alemanes lesionados de consideración fue el resultado del juego. Empate en lesionados y también en el marcador: 0 a 0.

    El técnico germano Sepp Herberger declaró: "Éste ha sido el partido más duro en la historia del fútbol alemán".

    Por su parte, Checoslovaquia y España, en Viña del Mar, no se quedaron atrás. El español Rivella terminó con el pie enyesado y su compañero Reija con rotura de menisco. El golero checo Scroif recibió tal patada en la cabeza que quedó inconsciente y el partido debió suspenderse por cinco minutos.

    Argentinos y búlgaros también se agredieron en Rancagua. Cinco albicelestes terminan el juego lesionados y dos búlgaros quedan afuera del resto del torneo víctima de graves lesiones. Pero, al igual que en los otros cotejos y aunque resulte increíble, no hubo expulsados: los arbitrajes, con una tolerancia inadmisible, contribuyeron a la extensión de los malos procedimientos.

    La prensa extranjera apostada en el país registró lo evidente en sus titulares: "Ensalada de golpes salvajes", "Extraordinaria violencia", "Desagradables batallas campales".

    Fue tal la preocupación que el viernes 1º de junio, la FIFA se reunió de urgencia para tratar el problema de la brutalidad y los malos arbitrajes en el torneo.

    Próximo artículo: "La batalla de Santiago".

    Chile 1962: el Mundial más sucio de la historia

    El Mundial de Chile 1962 fue catalogado como el más sucio de la historia, por la ausencia casi total de "fair play". Después de los primeros dos días de juego el parte médico fue alarmante: 24 bajas por lesiones. Y no se detuvo allí: alcanzaría su clímax con el partido que sería denominado "la batalla de Santiago".

    La Unión Soviética y Yugoslavia venían de jugar la final de la Eurocopa, en 1960 en París, con triunfo por 2 a 1 para la URSS. Había tensión y rivalidad, y les tocó el mismo grupo en primera ronda e incluso abrir los juegos en la sede de Arica.

    Puñetazos, patadas, cabezas rotas, grescas, fracturas fue el resultado en el terreno. El jugador ruso Dubinsky, seriamente lesionado, no volvería nunca más a jugar al fútbol. En lo números volvió a la ganar la URSS: 2 a 0.

    A la misma hora del mismo día, en Santiago, Alemania e Italia protagonizaban otra batalla campal. Cuatro italianos y cuatro alemanes lesionados de consideración fue el resultado del juego. Empate en lesionados y también en el marcador: 0 a 0.

    El técnico germano Sepp Herberger declaró: "Éste ha sido el partido más duro en la historia del fútbol alemán".

    Por su parte, Checoslovaquia y España, en Viña del Mar, no se quedaron atrás. El español Rivella terminó con el pie enyesado y su compañero Reija con rotura de menisco. El golero checo Scroif recibió tal patada en la cabeza que quedó inconsciente y el partido debió suspenderse por cinco minutos.

    Argentinos y búlgaros también se agredieron en Rancagua. Cinco albicelestes terminan el juego lesionados y dos búlgaros quedan afuera del resto del torneo víctima de graves lesiones. Pero, al igual que en los otros cotejos y aunque resulte increíble, no hubo expulsados: los arbitrajes, con una tolerancia inadmisible, contribuyeron a la extensión de los malos procedimientos.

    La prensa extranjera apostada en el país registró lo evidente en sus titulares: "Ensalada de golpes salvajes", "Extraordinaria violencia", "Desagradables batallas campales".

    Fue tal la preocupación que el viernes 1º de junio, la FIFA se reunió de urgencia para tratar el problema de la brutalidad y los malos arbitrajes en el torneo.

    Próximo artículo: "La batalla de Santiago".

  • El primer y único gol olímpico de los Mundiales

    El primer y único gol olímpico de los Mundiales

    Marcos Coll, futbolista de la selección de Colombia, tiene el honor de haber sido el primer jugador –y hasta el momento, el único– en haber marcado un gol olímpico en un campeonato mundial.

    Coll era mediocampista y anotó el segundo tanto de su selección ante la Unión Soviética, en partido por la primera ronda del grupo A, disputado en Arica el 3 de junio de 1962 y que terminó empatado 4 a 4.

    El arquero vencido fue el mítico Lev Yashin, apodado la Araña Negra y uno de los mejores porteros de la época.

    Marcos Coll, nacido en Barranquilla en 1935, es hijo de Elías Coll, quien fue el árbitro que dirigió el primer compromiso oficial del fútbol profesional colombiano en 1948 y el primer árbitro FIFA de Colombia.

    El primer y único gol olímpico de los Mundiales

    Marcos Coll, futbolista de la selección de Colombia, tiene el honor de haber sido el primer jugador –y hasta el momento, el único– en haber marcado un gol olímpico en un campeonato mundial.

    Coll era mediocampista y anotó el segundo tanto de su selección ante la Unión Soviética, en partido por la primera ronda del grupo A, disputado en Arica el 3 de junio de 1962 y que terminó empatado 4 a 4.

    El arquero vencido fue el mítico Lev Yashin, apodado la Araña Negra y uno de los mejores porteros de la época.

    Marcos Coll, nacido en Barranquilla en 1935, es hijo de Elías Coll, quien fue el árbitro que dirigió el primer compromiso oficial del fútbol profesional colombiano en 1948 y el primer árbitro FIFA de Colombia.

  • "El milagro de Berna"

    La final del Mundial se Suiza se disputó el 4 de julio de 1954 en el Wankdorfstadion, entre los húngaros, que vencieron en el alargue a Uruguay en lo que fue la primera derrota uruguaya en los mundiales, y Alemania Federal, equipo que regresaba al torneo después de la prohibición establecida tras la derrota germana en la Segunda Guerra Mundial.

    Al equipo húngaro lo respaldaba una racha acumulada de 33 partidos sin perder, q ue comenzó el 14 de mayo de 1950 y se extendió hasta la final. Frente a los alemanes, el equipo húngaro era el máximo favorito para alzarse con la Copa Jules Rimet, por su historial reciente, el título en el torneo olímpico de fútbol en Helsinki 1952.

    Lo curioso del caso es que ambos equipos se habían enfrentado en la primera ronda y los magiares habían goleado 8 a 3 a sus rivales, en una verdadera máquina de goles, el primer tiempo había terminado 3 a 1 para los húngaros, y a los 75' estaban 7 a 1.

    En vista de estos antecedentes, la victoria de la Alemania Occidental parecía imposible.
    Y el comienzo del partido así lo sugirió: a los 8' Hungría ganaba 2 a 0 con goles de Puskás a los 6 y Czibor a los 8.

    A los 10' descontaba Morlock para Alemania y a los 18 Rahm lograba el empate. Así terminó el primer tiempo, y estaba cerca de culminar el segundo, cuando nuevamente Rahn conseguía dar vuelta el partido a los 84 minutos, y sellar el resultado final.

    El encuentro conocido como el "Milagro de Berna" se considera como uno de los hechos que marcaron el fin del período de posguerra de Alemania y su renacer. Prueba de ello es que se realizó poco después una película sobre el partido, titulada "El milagro alemán", que terminaría dando su nombre a toda una época.

    "El milagro de Berna"

    La final del Mundial se Suiza se disputó el 4 de julio de 1954 en el Wankdorfstadion, entre los húngaros, que vencieron en el alargue a Uruguay en lo que fue la primera derrota uruguaya en los mundiales, y Alemania Federal, equipo que regresaba al torneo después de la prohibición establecida tras la derrota germana en la Segunda Guerra Mundial.

    Al equipo húngaro lo respaldaba una racha acumulada de 33 partidos sin perder, q ue comenzó el 14 de mayo de 1950 y se extendió hasta la final. Frente a los alemanes, el equipo húngaro era el máximo favorito para alzarse con la Copa Jules Rimet, por su historial reciente, el título en el torneo olímpico de fútbol en Helsinki 1952.

    Lo curioso del caso es que ambos equipos se habían enfrentado en la primera ronda y los magiares habían goleado 8 a 3 a sus rivales, en una verdadera máquina de goles, el primer tiempo había terminado 3 a 1 para los húngaros, y a los 75' estaban 7 a 1.

    En vista de estos antecedentes, la victoria de la Alemania Occidental parecía imposible.
    Y el comienzo del partido así lo sugirió: a los 8' Hungría ganaba 2 a 0 con goles de Puskás a los 6 y Czibor a los 8.

    A los 10' descontaba Morlock para Alemania y a los 18 Rahm lograba el empate. Así terminó el primer tiempo, y estaba cerca de culminar el segundo, cuando nuevamente Rahn conseguía dar vuelta el partido a los 84 minutos, y sellar el resultado final.

    El encuentro conocido como el "Milagro de Berna" se considera como uno de los hechos que marcaron el fin del período de posguerra de Alemania y su renacer. Prueba de ello es que se realizó poco después una película sobre el partido, titulada "El milagro alemán", que terminaría dando su nombre a toda una época.

  • Curiosidades de Suecia 1958

    Curiosidades de Suecia 1958

    El Mundial de 1958, disputado en Suecia, estuvo marcado por diversas curiosidades que lo hicieron único:

    • Fue el primer campeonato Mundial transmitido por televisión a más de sesenta países.
    • Ha sido la única vez, en la historia del torneo, en que las cuatro selecciones que representan a Gran Bretaña compitieron en la fase final: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
    • Al respecto de Irlanda, país reconocido por su catolicismo, pidió no jugar los domingos porque era el día del Señor. La FIFA le dijo que no.
    • El arquero de la entonces Unión Soviética, Lev Yashin, apodado "la Araña Negra" se convirtió en el primer portero en llevar guantes en un campeonato del mundo;
    • Argentina acudió en un vuelo de más de 40 horas en clase turista con unas únicas camisetas para todo el campeonato que propició que incluso tuvieran que pedirle prestadas las casacas a un club local, el Malmoe, para entrenar.
    • Edson Arantes do Nascimiento (Pelé) casi se queda fuera del mundial por una lesión, pero llegó a viajar con la selección y se convirtió en la figura del mundial con tan solo 17 años.
    • Además de ser la figura revelación de este torneo, Pelé le dio la fama a la camiseta número 10, logrando que esta fuera la más deseada por todos los futbolistas y frecuentemente asociada a los habilidosos y goleadores de un equipo. Lo curioso es que esta le fue asignada por orden alfabético al jugador y fue casualidad que le tocó este número. Desde entonces y gracias a la leyenda de Pelé, el número 10 de cada selección es la estrella del equipo.
    • Otra versión de esta historia asegura que Brasil mandó la lista de sus seleccionados sin números por un olvido. Un dirigente uruguayo de la FIFA que estaba presente se encargó de ponerles número a cada jugador por su cuenta. Al portero le puso el 3, al legendario Garrincha, que era extremo derecho le puso el 11, y entonces llegó el momento en que la casualidad y el destino se unen, al jovencito Pelé, le tocó el número 10.
    • México, país que sumó la peor racha de derrotas consecutivas desde 1930 hasta 1958, la rompió tras un empate con Gales.
    • Durante el partido entre Alemania Federal y Checoslovaquia el arbitro Arthur Ellis cobró un gol a favor de los alemanes que nunca entró. El portero checo Dolejsi paró en la raya el tiro de Rahn.
    • El partido de primera fase entre Brasil e Inglaterra es el primer encuentro que termina sin goles en la historia de la Copa del Mundo.

    Curiosidades de Suecia 1958

    El Mundial de 1958, disputado en Suecia, estuvo marcado por diversas curiosidades que lo hicieron único:

    • Fue el primer campeonato Mundial transmitido por televisión a más de sesenta países.
    • Ha sido la única vez, en la historia del torneo, en que las cuatro selecciones que representan a Gran Bretaña compitieron en la fase final: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.
    • Al respecto de Irlanda, país reconocido por su catolicismo, pidió no jugar los domingos porque era el día del Señor. La FIFA le dijo que no.
    • El arquero de la entonces Unión Soviética, Lev Yashin, apodado "la Araña Negra" se convirtió en el primer portero en llevar guantes en un campeonato del mundo;
    • Argentina acudió en un vuelo de más de 40 horas en clase turista con unas únicas camisetas para todo el campeonato que propició que incluso tuvieran que pedirle prestadas las casacas a un club local, el Malmoe, para entrenar.
    • Edson Arantes do Nascimiento (Pelé) casi se queda fuera del mundial por una lesión, pero llegó a viajar con la selección y se convirtió en la figura del mundial con tan solo 17 años.
    • Además de ser la figura revelación de este torneo, Pelé le dio la fama a la camiseta número 10, logrando que esta fuera la más deseada por todos los futbolistas y frecuentemente asociada a los habilidosos y goleadores de un equipo. Lo curioso es que esta le fue asignada por orden alfabético al jugador y fue casualidad que le tocó este número. Desde entonces y gracias a la leyenda de Pelé, el número 10 de cada selección es la estrella del equipo.
    • Otra versión de esta historia asegura que Brasil mandó la lista de sus seleccionados sin números por un olvido. Un dirigente uruguayo de la FIFA que estaba presente se encargó de ponerles número a cada jugador por su cuenta. Al portero le puso el 3, al legendario Garrincha, que era extremo derecho le puso el 11, y entonces llegó el momento en que la casualidad y el destino se unen, al jovencito Pelé, le tocó el número 10.
    • México, país que sumó la peor racha de derrotas consecutivas desde 1930 hasta 1958, la rompió tras un empate con Gales.
    • Durante el partido entre Alemania Federal y Checoslovaquia el arbitro Arthur Ellis cobró un gol a favor de los alemanes que nunca entró. El portero checo Dolejsi paró en la raya el tiro de Rahn.
    • El partido de primera fase entre Brasil e Inglaterra es el primer encuentro que termina sin goles en la historia de la Copa del Mundo.

  • La primera derrota celeste y el jugador que volvió de la muerte

    La primera derrota celeste y el jugador que volvió de la muerte

    En 1954, Uruguay, el campeón del momento, debió enfrentar en las semifinales al equipo de oro de los "magiares mágicos" de Ferenc Puskas y Sandor Kocsis, entre otros jugadores de primera categoría.

    Hungría abrió el score a los 12' con gol de Czibor, y así terminó la primera parte. A poco de iniciado el complemento Hidegkuti ponía el 2 a 0 y todo indicaba un triunfo magiar.

    Pero a los 75 Juan Eduardo Hohberg, argentino nacionalizado uruguayo, descontaba y le ponía emoción y dramatismo al final del encuentro. Y fue el propio Hohberg quien, a los 86 minutos, marcaba el increíble empate.

    Era, además, el primer partido de Hohberg en el Mundial, porque era suplente y había entrado como titular en este encuentro debido a las lesiones de Oscar Míguez y Julio Abbadie en el partido anterior ante Inglaterra.

    Pero a continuación sucedió algo increíbe. Sus compañeros, eufóricos, aplastaron al delantero a tal punto que le produjeron un paro cardíaco. Terminando el festejo, todos se levantaron, menos Juan Hohberg. La euforia del gol fue cambiada por un silencio tétrico.

    Todas las miradas fueron para ese hombre que recostado contra las gradas recibía masajes cardiacos, respiración boca a boca, incluso Coramina. Su pulso era inexistente. Durante 15 segundos, tal vez los más angustiantes en la historia de los mundiales, Hohberg estuvo muerto en la cancha del Lausana.

    Juan Hohberg retornó de la muerte. Y por increíble que parezca, volvió al campo de juego para disputar la prórroga, pues al no haber cambios, Uruguay estaba con un hombre de menos.

    Se fue al alargue y la selección celeste no resistió físicamente. Finalmente, con dos goles de Sandor Kocsis, quien fue el máximo goleador del torneo con 11 conquistas, a los 109 y 116' ocasionaba la primera derrota de Uruguay en un Mundial.

    La primera derrota celeste y el jugador que volvió de la muerte

    En 1954, Uruguay, el campeón del momento, debió enfrentar en las semifinales al equipo de oro de los "magiares mágicos" de Ferenc Puskas y Sandor Kocsis, entre otros jugadores de primera categoría.

    Hungría abrió el score a los 12' con gol de Czibor, y así terminó la primera parte. A poco de iniciado el complemento Hidegkuti ponía el 2 a 0 y todo indicaba un triunfo magiar.

    Pero a los 75 Juan Eduardo Hohberg, argentino nacionalizado uruguayo, descontaba y le ponía emoción y dramatismo al final del encuentro. Y fue el propio Hohberg quien, a los 86 minutos, marcaba el increíble empate.

    Era, además, el primer partido de Hohberg en el Mundial, porque era suplente y había entrado como titular en este encuentro debido a las lesiones de Oscar Míguez y Julio Abbadie en el partido anterior ante Inglaterra.

    Pero a continuación sucedió algo increíbe. Sus compañeros, eufóricos, aplastaron al delantero a tal punto que le produjeron un paro cardíaco. Terminando el festejo, todos se levantaron, menos Juan Hohberg. La euforia del gol fue cambiada por un silencio tétrico.

    Todas las miradas fueron para ese hombre que recostado contra las gradas recibía masajes cardiacos, respiración boca a boca, incluso Coramina. Su pulso era inexistente. Durante 15 segundos, tal vez los más angustiantes en la historia de los mundiales, Hohberg estuvo muerto en la cancha del Lausana.

    Juan Hohberg retornó de la muerte. Y por increíble que parezca, volvió al campo de juego para disputar la prórroga, pues al no haber cambios, Uruguay estaba con un hombre de menos.

    Se fue al alargue y la selección celeste no resistió físicamente. Finalmente, con dos goles de Sandor Kocsis, quien fue el máximo goleador del torneo con 11 conquistas, a los 109 y 116' ocasionaba la primera derrota de Uruguay en un Mundial.

 

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